Siempre te dicen "los hijos cuestan" y, en definitiva, es totalmente cierto. Nunca lo sabes lo suficiente hasta que te toca experimentarlo y realmente no entiendo como pueden lograrlo las personas con más de dos hijos (incluyendo mis padres) si yo con 4 meses digo que uno es suficiente.
Y no sé confundan: Nico es lo más tranquilo del mundo. A sus 4 meses él ya no despierta en las madrugadas, come en buenos horarios, juega y se rée de lo más lindo, pero la necesidad que tienen por sus padres es tal que te agota, más aún si lo alimentas con lactancia materna exclusiva y a demanda; llega a sentirse que absorbe cada gramo de energía que tú tienes y cada gota de agua que estaba dentro de tu cuerpo.
Cada día Nico está más despierto y más juguetón, por ende cada día pasa más tiempo despierto y no lo puedo dejar solo, cada día debo dejar de lado más cosas para poder estar pendiente de él; cada día significa jugar, cantar, hablar más de lo que recuerdo haber hecho en mi vida adulta y cada día me hace más feliz; pero es difícil, muero de sueño día con día, mis manos se han tenido que multiplicar para cumplir con las cosas de la casa, me toca aprenderme canciones infantiles, adiós a cualquier dieta porque muero de hambre y muero de sed permanentemente, no me alcanza el agua nunca; pero con cada juego, en cada canción, me regalan una sonrisa, me regalan una mirada que llena todo.
La verdad tampoco entiendo cómo es posible después de 3 meses, dejar a tu bebé para regresar a trabajar, saber que perderás tantas cosas y que él tendrá que sustituir tu cariño y cuidados; también admiro mucho más a aquellas mujeres que dejan todo al quedarse con sus hijos, es difícil como persona y la dependencia económica genera frustración y más cuando existen tantos movimientos en los que se dice que si una mujer se queda en su casa por sus hijos y no realiza un trabajo profesional fuera de casa es por dejada.
El trabajo de un hogar es increíblemente fuerte y más cuando se está a cargo criando a un pequeño ser humano, yo soy todo menos una buena ama de casa, todo lo contrario, y por desgracia no podré dedicarme al 100% a su crianza, pero estos meses que Dios me regaló para disfrutar con él, en los que he estado 24/7 al tanto de las cosas de mi hogar y que he experimentado lo difícil que es todo este mundo, también puedo garantizar que ver como mi niñito sonríe cuando me ve y le hablo o por la noche ver la sonrisa de mi bebé mientras descansa son más que suficiente para darse por pagados.
Nico me reconoce perfectamente me busca con la mirada y una vez me encuentra, o cuando está comiendo y me mira, sonríe. Y con esa sonrisa me da la certeza de qué sabe que soy su mami, qué se siente seguro y de que es feliz. Y eso nos hace felices a nosotros, que hemos cambiado tanto como él en estos 4 meses, pero que sabemos que al terminar el día tenemos la certeza de estar viviendo en nuestro pequeño paraíso y por eso todo vale la pena.

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